¡Me urge una Transformación Digital!

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Llegó corriendo a una tienda de la colonia, apenas y podía respirar una joven mujer, ya casi con su último aliento sin esperar a recuperarlo dijo:

¡Me urge una Transformación Digital!, y para empezar el 2021 es lo ideal, en el presupuesto ya lo pedimos y dada la necesidad no será negado – afirmó –

Su interlocutor, un anciano detrás del mostrador le miró en silencio de hito en hito, le ofreció un vaso con agua y pidió que se sentara un momento, con suma paciencia fue a buscar algo dentro de su tienda.

La joven lo siguió un poco más calmada, no quería sentarse, este viejo no entiende que lo que necesito es una maldita Transformación Digital – dijo gritando para sus adentros – casi choca con el anciano, se había detenido sobre un montón de libros viejos y se disponía a desempolvar.

Además de que no está bien de su cabeza, creo que no le importa mucho que le he dicho – siguió pensando la joven – y si este es el mejor debió ser en otro tiempo, sufrió un shock al ver que era un anciano el famoso referenciado, esperaba ver una startup llena de jóvenes o un gurú lleno de gadgets demostrando su conocimiento digital, ¡pero no!, solo estaba un anciano que ni siquiera se dignada a dirigir palabra alguna.

El anciano inmutable seguía hurgando en sus papeles, para entonces la joven mujer se había cansado y estaba muy impaciente, le gustaban las respuestas rápidas como a toda su generación y urgía una respuesta para iniciar los trabajos digitales a la voz de ya.

Es conveniente decir que solo pasaron 6 minutos, si te preguntas como lo sé de cierto, yo estaba ahí observando mientras degustaba un café, era una mañana fría de noviembre y el café del viejo era una leyenda sumado a su conversación, era un lujo que se tenía que tener de vez en vez, el reloj lo observé por dos razones, una era que tenía una reunión y no quería saber cuánto tiempo me quedaba, la razón ulterior era que me gustaba mucho el reloj, una pieza antigua de ingeniería y apreciaba su diseño más que su función de medir el tiempo, marcaba las 9:45 cuándo la joven llegó.

La joven dio media vuelta y decidida enfilo a la salida de la tienda, el viejo ya tenía lo que buscaba en sus manos, sonreía y era señal suficiente para saberlo, menuda sorpresa se llevó al no encontrar a la joven, me miró y con un gesto preguntó por la joven

-Se ha ido – le dije – me parece que no tenía mucho tiempo – añadí muy imprudente –

El viejo encogió los hombros y buscó regresar lo que encontró a la tienda, pero apenas había desaparecido detrás del dintel de la puerta, la joven regresó con una mueca de impaciencia dibujada en el rostro.

Me acomodé en mi silla, tomé mi café con ambas manos para calentarlas por el frío y para evitar frotarlas para no evidenciar mi felicidad por la escena que se iba a desarrollar, me habían contado unos amigos “del viejo” y sus maneras, lo desesperante que podía ser, pero lo sabio que era al final … me estoy adelantando mejor te sigo platicando.

La joven saludo esta vez:

-Buen día señor

-Señorita, buen día ¿En qué puedo ayudarle? – respondió el anciano con una voz que tomó por sorpresa a la chica, el viejo no eran tan viejo y se irguió al responder, con un aplomo y seguridad que cambió no poco la opinión inicial con la joven –

-… muchas … gracias – balbuceo ella –

– Por favor, tome asiento ¿Desea un café? le vendrá bien en esta mañana señorita – dijo sin esperar una respuesta se fue a buscar el café –

La chica tomó su celular y con una velocidad que me sorprendió, escribió algo y sin esperar respuesta lo guardó en su bolso

El anciano no tardó nada, llegó ágil y eficiente con dos tazas de café y el servicio completo, se sentó frente a la chica y dijo:

-Ahora sí – dijo su nombre el viejo – es un placer señorita – hizo una pausa para escuchar el nombre de su interlocutora –

– Ingrid – dijo ella- me llamo Ingrid Millard

– Un gusto Ingrid, ahora si dígame por favor ¿En qué puedo ayudarle?

La joven agradeció el café, pero no logró ocultar una ligera vergüenza que le provocó la presentación del viejo, no logré descubrir que provocó la reacción de Ingrid, ahora sabía su nombre, una mujer de estatura media, de piel clara con maneras ligeras denotando esa seguridad de tener siempre la razón, y un acento peculiar de los jóvenes de zonas acomodadas, un perfil interesante y prometedor sin duda, es probable que sus aspiraciones sean ejecutivas, empecé a pensar … pero me sacaron de mis pensamientos, dando la respuesta que buscaba.

-Señor – dijo con respeto ahora la joven – disculpe he sido una grosera, pero quiero saber si me puede ayudar, me urge ¡Una transformación Digital!

El viejo no hizo gestos que indicaran que recibió el comentario, concentrado en la pregunta dijo:

-Y consideras que un viejo no puede ayudarte ¿verdad? – mientras tomaba un sorbo de café y sin quitar la vista de la joven –

Ella no bajó la mirada sino todo lo contrario, su generación tiene otros valores y no les afecta tanto estos temas, arremetió una vez más con su petición:

-¡Busco una transformación digital!

-Por favor, pruebe su café – le urgió el viejo – se va enfriar y no cumplirá su cometido

Ella no estaba dispuesta a ceder ni un ápice, pero suspiró y no muy contenta bebió un sorbo de la bebida que ahumada en la taza, yo sabía que seguía a continuación

– ¡Está delicioso! – no logró contener el comentario – de verdad delicioso, no había probado algo así antes señor

– Disfrútelo señorita, le hará bien  – dijo mientras miraba a la nada, invitando al silencio y degustación de la bebida –

Ingrid se tranquilizó, sorbo a sorbo disfrutó su café sin decir nada, sin mirar su celular que sonó un par de veces, seguía disfrutando de la bebida en completo silencio.